La Comisión Nacional de Acreditación de Pregrado (CNAP) instauró un nuevo procedimiento para acreditar la calidad en las universidades del país. Este proceso de acreditación es voluntario para todas las instituciones autónomas de educación superior y debido a esta premisa es que me llama mucho la atención la gran demanda a este proceso.
No hay que ser un genio para darse cuenta que en nuestro país, TODAS las instituciones de educación (sin el afán de exagerar) tienen falencias, unas más graves que otras, ya sea en su infraestructura, funcionamiento, calidad educativa, etc. Normalmente cuando hay problemas nadie quiere, voluntariamente, que se le supervise ¿o no?
La Universidad de las Américas, institución autónoma desde 1997, es una de las que se atrevió a pasar bajo esta profunda revisión y sinceramente pienso que son valientes ya que, si hay alguna privada que tenga cosas inconclusas y de poca calidad, esa es la “protegida” de Laureate internacional Universities.
Partamos con lo básico. La sede de providencia, como casa central de la universidad, posee todo lo necesario para prestar un buen servicio, de hecho se pierden insumos porque hay demasiados en relación al número de estudiantes en el lugar. Pero ¿qué pasa con las demás sedes?
La sede de la florida, por ejemplo, carece de varias cosas, a mí parecer necesarias para una buena formación profesional.
Una de ellas es la infraestructura. Hace un año atrás aproximadamente, inauguraron con “bombos y platillos” un ascensor panorámico de última generación (bueno, eso decían ellos), el bien ponderado “Matrix”, como se le conoce popularmente. A la generalidad le pareció innecesario el gastadero de plata en ese tecnológico elemento, sabiendo a ciencia cierta que el casino de la sede se llovía en invierno.
Lo caricaturesco del asunto es que de los trescientos sesenta y cinco días del año, trescientos permanece “en mantención”, y en vez de mejorarnos la vida nos la complica al tener que soportar el miedo inminente, cada vez que nos quedamos encerrados en él. ¿Nervios de acero? Por supuesto.
Otro tema es la sala de edición para la escuela de comunicaciones. ¿Alguien puede creer que existen tres computadores con editor para todos los estudiantes? Los directivos ni se imaginan las peleas a gritos que se producen cada vez que se quieren ocupar esos computadores. Y no digamos que la universidad no tiene dinero para comprar algunos más, aunque sean de segunda mano, si gastan millones en publicidad cada vez que comienza un nuevo año, con la intención de captar ingenuos estudiantes. ¿Rectora Cabello me presta su computador?
Continuamos con el casino, ese lugar “amable” (siguiendo el estilo Bachelet), donde académicos y estudiantes están totalmente separados por una pared de vidrio. No vaya a ser cosa que a un estudiante se le vaya a ocurrir la brillante idea de entrar a ese sector “elite”. Lo echarían a palos como a un vil delincuente.
Pero mi reclamo no va por ese lado. Los precios, ¡si!, ese es el dilema. Está bien que estemos en una universidad privada pero, no es posible que un paquetito de 2 x 3 cms. de sal te cueste la módica suma de 100 pesos. ¿Estaré yo mal?
Pero pasemos a los temas complicados. Una publicista titulada de la Universidad Diego Portales, decidió ampliar sus estudios e ingresar al programa de regularización de títulos profesionales que ofrece la Universidad de las Américas desde el año 2002. Grande fue su sorpresa al conocer que los requisitos pedidos por la institución para titularse no cumplían con la exigencia horaria instaurada por el Mineduc. ¿Qué solución le dieron? descuentos de un 50% en el arancel. Vale recalcar que el fallo a la demanda hecha en el SERNAC por publicidad engañosa, incumplimiento de contrato, cláusula abusiva y deficiente calidad del servicio ofrecido no fue a favor del lugar de estudios.
Si me preguntaran: ¿las Américas necesita seguir con supervisión externa? Es un hecho que autorregularse no es la solución. ¡Supervísenlos por favor!
Cuando me matriculé en mi primer año como estudiante, hubo algo que me motivó. Intercambio estudiantil decía en el folleto. La joven que debía persuadirme de ingresar a la universidad me habló de las miles de garantías y facilidades que te entregaban para esto e ingenuamente le creí. Años después cuando averigüe como funcionaba el intercambio, grande fue mi sorpresa al leer la letra chica de otro emperifollado folleto que decía: “Los gastos de traslado, alojamiento y estadía en el país de destino son de cargo del estudiante”. ¿Las Américas te da facilidades? NINGUNA.
Pero no debe ser todo tan malo se preguntarán. ¡Error! la lista sigue.
No hay que ser un genio para darse cuenta que en nuestro país, TODAS las instituciones de educación (sin el afán de exagerar) tienen falencias, unas más graves que otras, ya sea en su infraestructura, funcionamiento, calidad educativa, etc. Normalmente cuando hay problemas nadie quiere, voluntariamente, que se le supervise ¿o no?
La Universidad de las Américas, institución autónoma desde 1997, es una de las que se atrevió a pasar bajo esta profunda revisión y sinceramente pienso que son valientes ya que, si hay alguna privada que tenga cosas inconclusas y de poca calidad, esa es la “protegida” de Laureate internacional Universities.
Partamos con lo básico. La sede de providencia, como casa central de la universidad, posee todo lo necesario para prestar un buen servicio, de hecho se pierden insumos porque hay demasiados en relación al número de estudiantes en el lugar. Pero ¿qué pasa con las demás sedes?
La sede de la florida, por ejemplo, carece de varias cosas, a mí parecer necesarias para una buena formación profesional.
Una de ellas es la infraestructura. Hace un año atrás aproximadamente, inauguraron con “bombos y platillos” un ascensor panorámico de última generación (bueno, eso decían ellos), el bien ponderado “Matrix”, como se le conoce popularmente. A la generalidad le pareció innecesario el gastadero de plata en ese tecnológico elemento, sabiendo a ciencia cierta que el casino de la sede se llovía en invierno.
Lo caricaturesco del asunto es que de los trescientos sesenta y cinco días del año, trescientos permanece “en mantención”, y en vez de mejorarnos la vida nos la complica al tener que soportar el miedo inminente, cada vez que nos quedamos encerrados en él. ¿Nervios de acero? Por supuesto.
Otro tema es la sala de edición para la escuela de comunicaciones. ¿Alguien puede creer que existen tres computadores con editor para todos los estudiantes? Los directivos ni se imaginan las peleas a gritos que se producen cada vez que se quieren ocupar esos computadores. Y no digamos que la universidad no tiene dinero para comprar algunos más, aunque sean de segunda mano, si gastan millones en publicidad cada vez que comienza un nuevo año, con la intención de captar ingenuos estudiantes. ¿Rectora Cabello me presta su computador?
Continuamos con el casino, ese lugar “amable” (siguiendo el estilo Bachelet), donde académicos y estudiantes están totalmente separados por una pared de vidrio. No vaya a ser cosa que a un estudiante se le vaya a ocurrir la brillante idea de entrar a ese sector “elite”. Lo echarían a palos como a un vil delincuente.
Pero mi reclamo no va por ese lado. Los precios, ¡si!, ese es el dilema. Está bien que estemos en una universidad privada pero, no es posible que un paquetito de 2 x 3 cms. de sal te cueste la módica suma de 100 pesos. ¿Estaré yo mal?
Pero pasemos a los temas complicados. Una publicista titulada de la Universidad Diego Portales, decidió ampliar sus estudios e ingresar al programa de regularización de títulos profesionales que ofrece la Universidad de las Américas desde el año 2002. Grande fue su sorpresa al conocer que los requisitos pedidos por la institución para titularse no cumplían con la exigencia horaria instaurada por el Mineduc. ¿Qué solución le dieron? descuentos de un 50% en el arancel. Vale recalcar que el fallo a la demanda hecha en el SERNAC por publicidad engañosa, incumplimiento de contrato, cláusula abusiva y deficiente calidad del servicio ofrecido no fue a favor del lugar de estudios.
Si me preguntaran: ¿las Américas necesita seguir con supervisión externa? Es un hecho que autorregularse no es la solución. ¡Supervísenlos por favor!
Cuando me matriculé en mi primer año como estudiante, hubo algo que me motivó. Intercambio estudiantil decía en el folleto. La joven que debía persuadirme de ingresar a la universidad me habló de las miles de garantías y facilidades que te entregaban para esto e ingenuamente le creí. Años después cuando averigüe como funcionaba el intercambio, grande fue mi sorpresa al leer la letra chica de otro emperifollado folleto que decía: “Los gastos de traslado, alojamiento y estadía en el país de destino son de cargo del estudiante”. ¿Las Américas te da facilidades? NINGUNA.
Pero no debe ser todo tan malo se preguntarán. ¡Error! la lista sigue.
Cuando uno decide ingresar a esta casa de estudios, el apoderado y el alumno deben firmar un contrato en el cual está estipulado que la universidad, como institución privada no permite la formación de cualquier tipo de agrupación social, es decir, no permite la existencia de un centro de alumnos. Lo grave es que según la Constitución Política de Chile es un derecho natural de las personas el agruparse por lo cual la Universidad de las Américas funcionaría al borde de la inconstitucionalidad. ¿Todo un mundo, una gran universidad?
Lamentablemente ésta es la realidad de la Universidad de las Américas actualmente, pero debo reconocer que si, voluntariamente, decidieron postular a este nuevo proceso de acreditación es porque quieren mejorar como institución y así brindarle calidad a las generaciones venideras.
Lastima que para mí ya es tarde. ¡Mundo laboral aquí voy!

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